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Parque Nacional de Monfragüe: El Castillo

Durante la dominación árabe el Tajo, La zona de Monfragüe  gana protagonismo como frontera natural. La zona que permaneció bajo dominio musulmán recibió el nombre de “Al-Mofrag”, que significa “el abismo” o “el cruce de caminos”. Se dice que edificaron una gran fortaleza con cinco torres y dos murallas defensivas, pero apenas quedan los cimientos debido a las continuas remodelaciones a manos de los cristianos, que la tomaron definitivamente en el siglo XII tras numerosas contiendas entre los almohades y varias  ordenes militares cristianas. En la actualidad el Castillo de Monfragüe es utilizado por los numerosos visitantes del Parque y se permite subir a la Torre desde donde se pueden disfrutar unas incomparables vistas.

También corren numerosas leyendas de la época de la guerra civil ya que sus montes acogieron a los maquis de la comarca: destacando los grupos comandados por los célebres guerrilleros conocidos como el “Francés”, “Quincoces” y “Chaquetalarga”.

Una larga historia con la naturaleza como protagonista y artífice de la belleza y regeneración del parque, hasta que la intervención del hombre a finales de los años 60, con la construcción de las presas de Torrejón y Alcántara alteró irreversiblemente el paisaje dejando las orillas del Tajo sumergidas junto con la riqueza ecológica y etnológica que allí se concentraba. Además el anuncio de la construcción de una industria papelera en la zona, desencadenó  la tala de especies autóctonas y creación de estructuras de terrenos con terrazas, para lo que se utilizó maquinaria pesada, con el fin de la reforestación con especies de crecimiento rápido para su aprovechamiento industrial, con el consiguiente deterioro y alteración del ecosistema. Hasta que la lucha por su declaración como Parque Nacional consiguió frenar definitivamente este tipo de acciones que ponían en serio riesgo la conservación de Monfragüe.

Marga G.-Chas Ocaña

La Caza en Extremadura

Sin entrar en honduras de si uno está o no de acuerdo con considerar la caza como un deporte y sin ánimo de provocar polémica, no se puede negar que La Caza es una activad de gran tradición en Extremadura.

Dehesas de encinas y alcornoques y onduladas penillanuras fértiles, destinadas a la agricultura o ricos pastos para la ganadería extensiva, son un reclamo para las piezas de caza menor como la liebre y la perdiz, ya que encuentran comida y refugio. La caza mayor también se encuentra muy extendida, aunque su localización preferente se halla en espacios de media-montaña; las especies más comunes son el corzo, venado y jabalí.

Estas condiciones particulares de biodiversidad en cuanto a territorios y a su riqueza cinegética en cuanto a las especies, hacen de Extremadura un destino preferente para los cazadores. A pesar de que es una actividad en descenso estos últimos años, no ha sucedido así en la comunidad extremeña, donde no sólo ha aumentado el número de licencias, que deben ser solicitadas en cada comunidad autónoma, sino el desarrollo de diversas industrias o negocios relacionados con ella: rehaleros. Gestores de caza, organizadores de monterías, explotaciones cinegéticas, etc…

Los cazadores abogan que realizan una labor de “control” sobre especies que en muchos casos serían dañinas para la agricultura y ganadería, como los jabalíes y es frecuente, en revistas de caza, encontrar artículos sobre los daños causados por estos animales que incluso llegan a atacar a seres humanos. En su contra están las prácticas furtivas, sin control ni conciencia, que han aumentado el último año, supuestamente debido a la crisis.

En cualquier caso, la caza en Extremadura es considerada como una actividad de gran importancia, como negocio, como turismo y como una forma de colaboración con la conservación de Reservas y Parques Nacionales donde se sitúan muchos de los cotos.

Marga G.-Chas Ocaña

A vista de pájaro: birdwatching en Extremadura

Extremadura alberga una de las mayores bioriquezas del planeta. Contrastados ecosistemas conviven en esta Comunidad, rica en parques naturales, bosques, sierras, dehesas, que la convierten en un auténtico paraíso para las aves; de hecho más del 74 % de su territorio está incluido en el inventario de Áreas Importantes para las Aves, lo que la convierten una excepción, no sólo nacional, sino europea y la ha convertido en un destino preferente para el turismo ornitológico.

Avistar aves no es difícil puesto que hay censadas unas 350 especies a lo largo del año. Pero lo que la hace única es la especial atención a la conservación de especies y sus habitats, alguna, como el águila imperial ibérica, especie emblemática que ya adornaba el escudo de los Reyes Católicos, considerada el ave rapaz más amenazado de Europa -en serio peligro de extinción- y del que existen en Extremadura 47 parejas, la concentración más alta del mundo.

Dependiendo del habitat y de la temporada, podremos avistar distintos tipos de aves. Por ejemplo, si queremos escuchar el canto de un ruiseñor tendremos que ir a un bosque mediterráneo a comienzos de primavera, mientras que para ver a las grandes aves, las águilas, halcones, al buho real o a la cigüeña negra deberemos adentrarnos en los roquedos de cuarcita de las sierras entrada esta estación.

Existe una Red de Espacios Naturales Protegidos de Extremadura (RENPEX) que engloba varios parques y reservas naturales, además de Zonas de Interés Regional y Científico y zonas que pertenecen a la red ecológica europea Natura 2000, como los Corredores Ecológicos y de Biodiversidad.

Aunque la verdadera estrella es el Parque Nacional de Monfragüe, declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO , en la provincia de Cáceres, que, atravesado por el Tajo, es uno de los espacios más extensos y representativos del bosque y matorral mediterráneo.

En total hay casi 20 rutas diseñadas y para preparar una excursión es conveniente visitar antes los Centros de Interpretación de los Parques Nacionales extremeños.

Marga G.-Chas Ocaña