
Buscando los orígenes del gusto de los extremeños por los graffittis y el Arte Urbano, descubrimos otra de las maravillas culturales que hace de Extremadura un destino úico para el turismo cultural: sus pinturas rupestres,
En conjunto, Extremadura posee un valioso patrimonio de representaciones pictóricas y grabados prehistóricos especialmente abundantes y concentrados en algunas zonas cercanas a las serranías donde se encontraban los antiguos enclaves, como Cabeza de Buey, entre las serranías de La Serena y La Siberia o las serranías y riberos del Parque Nacional de Monfragüe.
En su mayoría son representativos de lo que se conoce como pintura esquemática, que se caracteriza porque las figuras quedan simplificadas a sus elementos más representativos; tienden a la “abstracción” lo que las sitúa como pertenecientes a sociedades más “modernas”, organizadas y productivas.
La pena es que muchos de ellos no son accesibles. Están están localizados en pequeñas cuevas y abrigos, la mayoría de ellos sin señalización o situados en terrenos privados sin acceso público.
Precisamente por eso Extremadura cuenta con dos museos dedicados por completo al Arte Rupestre: el Cetro de interpretación de la Cueva de Matravieso, en Cáceres y el Centro de Interpretación de la Pintura Rupestre de Extremadura de Cabeza del Buey, en Badajoz, con varias Salas de Exposiciones y que además puede facilitar valiosa información para la organización de una visita a las pinturas en sus enclaves naturales.
El Arte Rupestre Extremeño ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Marga G.-Chas Ocaña
Escrito por
margachas |

1 de febrero de 2012 |
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Las Hurdes es una bellísima comarca, al norte de la provincia de Cáceres. A los pies de la Sierra de Gata y bañada por cinco ríos, dispone de una gran riqueza forestal y paisajística. Pero, sin embargo, ya históricamente ha sido una comarca aislada lo que ha dotado a los hurdanos de una personalidad y carácter propios y de un cierto “sociocentrismo”.
Las Hurdes ha cobrado fama en la historia, no por sus paisajes, sino por sus leyendas. Un caldo de misterios plagado de fenómenos inexplicables, apariciones espectrales, muertes en circunstancias extrañas, criaturas mitad hombre- mitad bestia plagan la mitología popular antigua y continúa hasta nuestros días con avistamientos de ovnis o luces inexplicables en los bosques.
Por ejemplo, una de las primeras referencias, del siglo XVII, del filósofo jesuita Juan Eusebio Nieremeberg decía textualmente en su obra “Curiosa Philosophiae”refiriéndose a Las Hurdes: “Existe en este reino un áspero valle infestado de demonios, un lugar que los pastores creen habitado por salvajes…”
En 1933 Buñuel presentó su documental “Las Hurdes, tierra sin pan”, censurado en España, polémico desde su primera exhibición. El director no sólo plasmaba la triste realidad de la comarca, sumida en la pobreza y cuyo aislamiento había provocado malformaciones congénitas, sino que se valió de “efectos especiales” moralmente cuestionables, para conseguir un mayor impacto visual: la famosa escena del burro despeñado por un escarpado precipicio fue un montaje, al burro le habían disparado al borde del acantilado.
Aún hoy, algunos tendréis en la memoria un programa de Cuarto Milenio dedicado a Las Hurdes, comarca sobre la que su director, el periodista Iker Jiménez ha publicado un libro llamado “El Paraíso Maldito” en el que recogía experiencias vividas en sus investigaciones por esta región.
Las Hurdes siente una fuerte y especial conexión con la naturaleza desde antiguo, lo que ha hecho que proliferaran personajes como zahories y curanderos, lo que puede hacer dado lugar a historias sobre brujería. Pero la verdad es que hay testimonios de todas las épocas que resultan, cuando menos, inquietantes.
Marga G.-Chas Ocaña

Extremadura alberga una de las mayores bioriquezas del planeta. Contrastados ecosistemas conviven en esta Comunidad, rica en parques naturales, bosques, sierras, dehesas, que la convierten en un auténtico paraíso para las aves; de hecho más del 74 % de su territorio está incluido en el inventario de Áreas Importantes para las Aves, lo que la convierten una excepción, no sólo nacional, sino europea y la ha convertido en un destino preferente para el turismo ornitológico.
Avistar aves no es difícil puesto que hay censadas unas 350 especies a lo largo del año. Pero lo que la hace única es la especial atención a la conservación de especies y sus habitats, alguna, como el águila imperial ibérica, especie emblemática que ya adornaba el escudo de los Reyes Católicos, considerada el ave rapaz más amenazado de Europa -en serio peligro de extinción- y del que existen en Extremadura 47 parejas, la concentración más alta del mundo.
Dependiendo del habitat y de la temporada, podremos avistar distintos tipos de aves. Por ejemplo, si queremos escuchar el canto de un ruiseñor tendremos que ir a un bosque mediterráneo a comienzos de primavera, mientras que para ver a las grandes aves, las águilas, halcones, al buho real o a la cigüeña negra deberemos adentrarnos en los roquedos de cuarcita de las sierras entrada esta estación.
Existe una Red de Espacios Naturales Protegidos de Extremadura (RENPEX) que engloba varios parques y reservas naturales, además de Zonas de Interés Regional y Científico y zonas que pertenecen a la red ecológica europea Natura 2000, como los Corredores Ecológicos y de Biodiversidad.
Aunque la verdadera estrella es el Parque Nacional de Monfragüe, declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO , en la provincia de Cáceres, que, atravesado por el Tajo, es uno de los espacios más extensos y representativos del bosque y matorral mediterráneo.
En total hay casi 20 rutas diseñadas y para preparar una excursión es conveniente visitar antes los Centros de Interpretación de los Parques Nacionales extremeños.
Marga G.-Chas Ocaña