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Visitar Guijo de Santa Bárbara

El Guijo de Santa Bárbara es no de los pueblos con más encanto de Cáceres, en la alta Extremadura. Posee un patrimonio natural espectacular en sus alrededores y conserva la arquitectura típica de la  Comarca de la Vera en sus calles. Es uno de los cuatro Guijos de la provincia de Cáceres: Guijo de Coria, Guijo de Galisteo y Guijo de Granadilla. Hay una ruta turística de los Guijos muy interesante, ya que son muy distintos entre si.

El visitante puede disfrutar de paseos por el pueblo, que mantiene la arquitectura antigua típica y esconde muchos rincones con encanto, o puede apuntarse a las rutas y excursiones a la Garganta del Jaranda, una de sus riquezas naturales, en la que abundan numerosos charcos para refrescarse durante los calurosos veranos. Son famosos el Charco del Trabuquete aguas arriba, el Charco de la Estaca río abajo con una piscina natural para bañarse.

Otra de las atracciones de la zona es que Guijo de Santa Bárbara tiene, la capilla-refugio de Nuestra Señora de las Nieves. Es el edificio religioso más alto de Extremadura, construida por los vecinos en los años 60 por iniciativa de un sacerdote aficionado a la montaña. El paseo hasta el refugio es uno de los atractivos para los amantes del senderismo, se ha convertido en un “clásico” de las excursiones para turistas. Está a unos 1.500 metros de altitud, el ascenso dura unas dos horas y no entraña ni grandes riesgos ni grandes esfuerzos y desde allí se puede disfrutar de un espléndido paisaje de la alta montaña extremeña, al estar rodeado por cumbres que superan los 2.000 metros.

Además, el Guijo de Santa Bárbara es conocido por sus especialidades gastronómicas,  el pan, queso, su Licor de Gloria y sus mermeladas (sobre todo la de frambuesa), también por sus ricas y grandes moras silvestres abundantes en la zona que uno mismo puede recoger en excursiones por los alrededores.

Marga G.-Chas Ocaña

A vista de pájaro: birdwatching en Extremadura

Extremadura alberga una de las mayores bioriquezas del planeta. Contrastados ecosistemas conviven en esta Comunidad, rica en parques naturales, bosques, sierras, dehesas, que la convierten en un auténtico paraíso para las aves; de hecho más del 74 % de su territorio está incluido en el inventario de Áreas Importantes para las Aves, lo que la convierten una excepción, no sólo nacional, sino europea y la ha convertido en un destino preferente para el turismo ornitológico.

Avistar aves no es difícil puesto que hay censadas unas 350 especies a lo largo del año. Pero lo que la hace única es la especial atención a la conservación de especies y sus habitats, alguna, como el águila imperial ibérica, especie emblemática que ya adornaba el escudo de los Reyes Católicos, considerada el ave rapaz más amenazado de Europa -en serio peligro de extinción- y del que existen en Extremadura 47 parejas, la concentración más alta del mundo.

Dependiendo del habitat y de la temporada, podremos avistar distintos tipos de aves. Por ejemplo, si queremos escuchar el canto de un ruiseñor tendremos que ir a un bosque mediterráneo a comienzos de primavera, mientras que para ver a las grandes aves, las águilas, halcones, al buho real o a la cigüeña negra deberemos adentrarnos en los roquedos de cuarcita de las sierras entrada esta estación.

Existe una Red de Espacios Naturales Protegidos de Extremadura (RENPEX) que engloba varios parques y reservas naturales, además de Zonas de Interés Regional y Científico y zonas que pertenecen a la red ecológica europea Natura 2000, como los Corredores Ecológicos y de Biodiversidad.

Aunque la verdadera estrella es el Parque Nacional de Monfragüe, declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO , en la provincia de Cáceres, que, atravesado por el Tajo, es uno de los espacios más extensos y representativos del bosque y matorral mediterráneo.

En total hay casi 20 rutas diseñadas y para preparar una excursión es conveniente visitar antes los Centros de Interpretación de los Parques Nacionales extremeños.

Marga G.-Chas Ocaña